En calles de barro y humo de chimeneas, el pueblo cobra vida con una multitud de Villagers & Townsfolk listos para poblar tabernas, plazas y graneros. Figuras de ciudadanos con atuendos variados y rostros más caricaturescos y expresivos, algunos con ese encanto imperfecto de quien ha vivido duro. A su vez, se suman mujeres igualmente cargadas de herramientas, comida y objetos cotidianos, incluso niños en brazos. Torben el herrero y Ulric sostienen el pulso del mercado, mientras una bailarina anima la posada. En las afueras, un gigante observa con calma, y su verdadera intención queda abierta a la historia.