El acantilado vibra con pasos de hierro mientras la infantería orco avanza entre la bruma con alabardas, lanzas y ballestas pesadas. Detrás marchan matones acorazados que empujan a los goblins al frente y escalan rocas para criar buitres gigantes. Un Wyvern encadenado azota con la cola y el jefe impone su ley con rugidos y artimañas. Dos colosos rondan la costa uno cubierto de hongos otro de roca viva. Cuando llegan los trolls de asedio con torres a cuestas y un monstruo porta una catapulta a la espalda, la costa palidece ante el apocalipsis.