La oscuridad de esta estirpe no proviene de la ausencia de sol, sino de su credo implacable. Rinden culto a poderes prohibidos, practican hechicería cruel y gobiernan mediante intriga, esclavitud y castigos rituales. Sus ciudades se rigen por jerarquías severas y órdenes letales, donde el veneno, las sombras y la traición son herramientas tan comunes como la espada. Salen a la superficie para saquear, capturar y extender su influencia. En las crónicas encarnan la corrupción deliberada del saber y el placer por la dominación.