Con el yunque como altar, Torben the Blacksmith (Torben, el herrero) trabaja como si cada golpe fuese una plegaria de metal. Su cuerpo robusto está hecho para el oficio, y sus manos parecen recordar mil formas: clavos, bisagras, puntas de lanza, herraduras para caminos imposibles. En un pueblo decente, Torben no es un extra: es el que mantiene la vida funcionando cuando todo se rompe. Los forasteros llegan buscando filo y suerte; él les da acero… y, a veces, una advertencia seca sobre la ruta, el precio y la clase de muerte que ronda por ahí.