A la luz rojiza de la fragua, Torben the Blacksmith Bust (Torben, busto del herrero) muestra el cansancio orgulloso de quien forja el destino ajeno a martillazos. Sus facciones son rotundas, expresivas, más de barrio que de corte, y eso lo vuelve creíble: un hombre imprescindible, el corazón práctico del pueblo. Torben conoce el valor real del acero, pero también el de una palabra bien dicha a un mercenario nervioso. Para aventureros y aldeanos por igual, su rostro es promesa de reparación: herramientas, armas… y la discreción de quien escucha sin juzgar demasiado.