En Boiafaus the Foul Executioner Bust (Busto de Boiafaus, el Verdugo Repugnante) se adivina la figura de un carnicero bendecido por la oscuridad. Sus rasgos, endurecidos por años de sentencia, están manchados por una corrupción que no proviene solo de la sangre, sino de pactos antiguos. La mirada es fría, casi ceremonial, como si cada muerte fuese una ofrenda. Cicatrices, hebillas y marcas de herramientas hablan de su oficio sin descanso. Contemplar este busto es escuchar, en silencio, el golpe seco de la hoja y el aplauso de la tumba.