La ciudad exhausta tiembla con cada golpe de catapulta que arroja haces de cadáveres atados con cuerda. Al estrellarse se abren y derraman limo pútrido mientras ratas e insectos invaden la piedra. Un mayordomo asoma a una puerta y anuncia que el rey y todos dentro están enfermos y que nada puede hacerse. En ese aire rancio un muchacho se desmaya oye una voz que le pide respirar y despierta distinto. La fiebre se cambia por hambre su cuerpo se hincha sus dientes crecen. Camina entre montones de carne y la peste encuentra a su heraldo.