Las coronas rotas aún proyectan su sombra sobre una catedral convertida en territorio de caza. Huntsmen enmascarados recorren sus naves mientras espíritus acorazados vigilan los accesos y Crown Huntress dirige la persecución con sus hojas curvas. Sobre las ruinas se alzan Carrion King y antiguos dragones, criaturas monumentales ligadas a juramentos corrompidos. Cada figura retrata un instante de este conflicto entre disciplina, hechicería y poder ancestral, donde toda piedra guarda una amenaza y ningún intruso escapa al juicio de sus moradores.