Bajo un cielo plomizo, Zombie Walker E (Caminante Zombi E) se mueve con un ritmo casi animal, guiado por impulsos simples y por un hechizo que no entiende. Sus manos se abren y cierran como si recordaran herramientas, pero ahora solo buscan carne. La ropa, empapada y rota, se pega al cuerpo y delata heridas antiguas, y el rostro conserva un gesto de sorpresa eterna. No hay estrategia, pero sí dirección: siempre hacia la vida. Cuando se detiene, es para escuchar; cuando reanuda, es para acercarse. En su silencio hay una amenaza continua, como el goteo en una cripta.