A la sombra de su propia leyenda, Vorrkarn Beastman Aberration (Vorrkarn, Aberración Hombre Bestia) desgarra la memoria de quien fue. Cuatro brazos como cosechas de violencia, colmillos de derrota y un andar que hace retroceder incluso a los Minoc. No entiende órdenes, solo direcciones: hacia la sangre, hacia el choque, hacia el silencio que queda tras el derribo. Su presencia convierte la batalla en avalancha y a los héroes en piedras sueltas. Mirarlo es recordar que el caos no negocia: devora, deforma y, satisfecho, vuelve a exigir.