En la bruma del amanecer, Unchained Immortals Bow Guard (Inmortales Desencadenados, guardia del arco) mantiene el arma tensada a medias, sin desperdiciar aliento. El casco cornudo deja ver apenas la intención, y el cuerpo, cubierto de placas, desmiente la idea de un arquero frágil. Dispara desde donde duele: huecos entre escudos, articulaciones, gargantas. Su disciplina es fría, casi monástica, pero nace de una devoción oscura a la guerra interminable. Cuando el primer virote silba, el enemigo entiende que la muerte también puede llegar con calma.