Con una sonrisa insolente y el pecho sembrado de tachuelas, Tino Kobold Bane (Tino, Azote de Kóbolds) posa como si la victoria fuera costumbre. Planta una espada ondulada, enorme y caprichosa, a su lado, y apoya el pie sobre un cráneo cornudo, trofeo que grita sin voz. Sus brazos fuertes y la postura relajada no esconden la amenaza: presumen de ella. Bolsas y correas cuelgan de su cintura, recuerdos de cacerías cobradas y recompensas bien ganadas. Donde Tino aparece, los nidos tiemblan; no por el ruido, sino por la certeza de que alguien ha venido a terminar el trabajo.