Desde los corredores húmedos de una fortaleza caída, Boiafaus the Foul Executioner (Boiafaus, el Verdugo Repugnante) porta el miedo como un estandarte. Su cuerpo, envuelto en ropas pesadas y correas, sugiere una vida entera dedicada a cortar la última esperanza. Cada cicatriz parece un recuerdo de resistencia, y cada mancha, una firma. No necesita alzar la voz: su mera presencia ordena filas y paraliza rebeldías. Se dice que no mata por odio, sino por liturgia, y que las almas que entrega regresan convertidas en sirvientes, agradecidas a su mano inmunda.