Habitantes de criptas, campos de batalla y parajes corrompidos, los necrófagos son criaturas carroñeras asociadas a la muerte y la putrefacción. Su aspecto suele reunir cuerpos encorvados, extremidades huesudas, fauces voraces y una piel marchita que delata su cercanía con tumbas y restos en descomposición. Sin embargo, no se limitan a consumir cadáveres, ya que en muchos relatos acechan a los vivos en manadas. Dentro de la imaginería fantástica encarnan la degradación del cuerpo, el hambre insaciable y el horror que persiste más allá de la sepultura.