En un patio funerario cubierto de escarcha, Zombie Walk (Zombi caminante) camina con el avance irregular de los condenados, lento, incesante y difícil de ignorar. La figura conserva suficiente detalle podrido para sugerir pasado, oficio y causa de caída, pero todo ha sido absorbido por el hambre del osario. Dentro de la marea de no muertos cumple una tarea simple y terrible, avanzar, cercar, agotar al enemigo y demostrar que la muerte común nunca basta. Su mera aparición vuelve el campo más frío y desesperado. En torno a él, hasta el valor aprende a temblar.