Las alas extendidas y la postura alerta de Protector (Protector, Guardián Alado) recuerdan a una criatura nacida para custodiar santuarios, no para obedecer órdenes pequeñas. Su cuerpo mezcla fuerza animal y majestuosidad antigua, con garras listas para aferrarse a piedra y un pico o hocico curvado que promete desgarro. Cuando los elfos lo convocan, no lo hacen con cadenas, sino con pactos. Rodea el lugar sagrado, escucha el aire y, si detecta profanación, se precipita como tormenta. En su sombra, la valentía enemiga se vuelve duda.